PEQUEÑAS COSAS QUE DICEN MUCHO - S1.

El regreso a la universidad no es uno de los momentos que anhelo llegue cuando estoy en disfrutando de mis vacaciones, creería no ser el único, pero era una realidad que ese domingo 14 tocaba asumir. 

Como es costumbre, en vacaciones es cuando más trasnocho y eso es lo que más cuesta al momento de entrar. Trasnochar y madrugar son cosas que nunca van bien juntas. La vida solo permite preferir una de las dos. Si amas madrugar odias trasnochar y si amas trasnochar odias madrugar, es una ley de la vida implícita en cada uno, pero de libre elección.

Al cuadrar el horario de octavo semestre unas semanas antes de entrar, ya sabía a lo que me atenía. Y mi semana solo la clasifique de esta manera:

· Lunes: Madrugo.
· Martes: Puedo dormir.
· Miércoles: Duermo a medias.
· Jueves: Ojalá resista ese día.
· Viernes: Como resistí al jueves puedo estar tranquilo.

Lunes 15 de julio, llegó la hora de levantarme. No fue fácil después de dos horas de sueño forzadas, porque en realidad no tenía sueño en su momento, ir al baño para de nuevo asumir la rutina.

Empezó la semana con dos de las materias que me preocupan este semestre: Proyecto 2 y Producción de documentales de radio. El pensar que este semestre prácticamente tengo se deja todo el desarrollo de la tesis terminado, es algo preocupante por la cantidad de investigaciones, lecturas, salidas de campo y demás para hacer en tan solo 4 meses, no es imposible, pero tampoco genera esa ‘tranquilidad’, por llamarla de alguna manera.

Por otro lado, esta Producción de documentales de radio. De esta materia solo tengo referencias acerca del profesor. Óscar Corredor es reconocido en el énfasis radial por la exigencia que maneja en sus clases y en sus trabajos, los comentarios acerca de él hacen pensar que dejar la nota alta es misión casi imposible. ¡Que gran manera de empezar los lunes y en especial de empezar la universidad!

Teniendo en cuenta que era la primera semana, parecía como si la exigencia siguiera desde el semestre pasado, mi mente sentía como si nada hubiera cambiado, los casi dos meses de vacaciones se sintieron de la misma manera como si fuera Semana Santa. Los trabajos empezaron desde la primera clase, era de esperar.

Ese mismo día, fue también, la primera clase de Información y documentación. De la clase aún tenía la duda del quién podría ser el profesor, ya que hasta horas antes de entrar al salón no había entrado a la plataforma de la universidad para ver quién sería el señor o señora que calificaría mi desempeño durante este semestre. 

Al entrar nuevamente a la pagina de Facebook de la Javeriana y buscar el nombre de la clase, para así, ver los nombres de cuyos profesores recomendaban y a cuáles no, salía el apellido Cobos en gran cantidad. De forma inmediata, abrí una nueva pestaña en el buscador del celular y el buscar la lista de profesores de las materias inscritas no se hizo esperar.

Y efectivamente, al ver el nombre de la materia junto con el nombre de Juan Sebastián Cobos, pude considerarme con algo de suerte, ya que varias veces a lo largo de la carrera, cuando trataba por inscribir materias con profesores que me decían que nunca en la vida metiera con ellos, adivinen qué..., efectivamente ese era el profesor. La siguiente acción que realizaba, aunque vale aclarar que no en todos los casos, solo en algunos contados con la mano, era ir directo a la facultad a retirar dicha clase. 

Pero retomando lo anterior, se aproximaba la hora de clase, Información y documentación me esperaba. Inscribir clases con gente conocida hace que sea un poco más ameno el entrar al salón en comparación a ser un total desconocido entre desconocidos. Así que, llegue con dos amigas al salón que conozco desde casi inicio de universidad entonces la confianza estaba más que asegurada. 

El comienzo de la clase no fue tan común, como uno suele ver en diferentes materias, en especial cuando es la primera clase. La presentación se convierte en algo tan monótono como decir nombre, apellido, carrera, edad y semestre. Fin. Esta rutina, es algo que, si por los estudiantes fuera, lo evitarían en su totalidad.

Pero de manera sorpresiva, el profesor esperó que estuviéramos todos los estudiantes para presentarse y seguido a esto decir “saquen una hoja y dibujen un objeto que los represente”. En el ambiente se sentía una buena actitud por parte de los compañeros de clase frente a esta actividad por lo poco convencional que se veía.

En un principio fue algo confuso saber que dibujar. Al haber tantas cosas que me gustan, pero, para que puedan representarme, es porque se pueden relacionar directamente con sucesos o anécdotas alrededor mío. En mi cabeza pasaban dos cosas principalmente: Santa Fe y futbol. Pero el dibujar algunas de estas dos, ya sea el escudo o un balón, se me hacían un poco cliché. Así que dibuje un litro de Aguardiente Nectar. Si, un litro de una de las bebidas alcohólicas más arraigadas a los bogotanos.

Después de finalizado el dibujo individual, el profesor paso por los puestos recogiendo lo plasmado en las hojas. Repartiéndolas en desorden para que el estudiante no quedara con su dibujo propio, nos menciona que ahora vamos a hacer un análisis básico o profundo, ya dependía de cada quien, sobre el dibujo que aleatoriamente le tocó.

En mi caso, me salió un labial que por sus trazos indicaba que era una persona bastante dedicada y que buscaba la perfección en su cotidianidad. De este dibujo, lo anterior dicho, era lo principal, de ahí en adelante desglose un poco más de características que podía percibir en un solo dibujo.

Alrededor de unos 5 o 10 minutos después, el profesor vuelve a recoger los dibujos hechos por unos y analizados por otros. Esta dinámica tenía como fundamento, a manera de opinión personal, más que una presentación darnos cuenta que hasta un simple dibujo hecho en un par de minutos cuenta cosas acerca de nuestra personalidad, comportamiento, gustos, actitudes, en fin.

Para finalizar, solo pude quedar sorprendido del ver como muchas de las características que los otros analizaban a través de un dibujo si eran semejanza de la personalidad. Muchos de los casos en que se mencionaban los rasgos eran ciertos, como en todo, siempre hay excepciones, pero la calidad de descripciones que se lograban hacer y que se acoplaban me dejó sin palabras.

En mi caso, la niña que no recuerdo bien el nombre en este momento, pero que analizó mi dibujo logró percatarse de muchas particularidades en mi forma de ser, que incluso al preguntarle a mis amigas de clase, me confirmaron que si, efectivamente soy así. En lo que ella mencionaba, estaba que era una persona bastante detallista y observadora, así como que por obvias razones me gustaba la fiesta y compartir con amigos. De igual forma estaban ambos observaciones, la ‘lógica’ y la profunda, la que a partir de pequeños detalles dicen demasiado, y ella lo supo hacer muy bien, destacando cosas que inconscientemente realice en una actividad de clase.  

Comentarios